Juventud indígena de Norte de Santander: guardianes de la tierra, la memoria y el futuro
Cada 9 de agosto, el mundo conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, una fecha para reconocer el papel fundamental de las comunidades originarias en la preservación de la diversidad cultural, la protección de ecosistemas y la defensa de sus derechos.
En Colombia, según el Censo Nacional de Población y Vivienda (2018) del DANE, 115 pueblos indígenas representan el 4,4 % de la población nacional —más de 1,9 millones de personas—, de las cuales el 79 % vive en áreas rurales y dispersas, y el 21 % en cabeceras municipales.
Para los pueblos indígenas, la tierra y el territorio no son solo recursos, sino la base de su identidad, lengua, costumbres y espiritualidad. Sin embargo, estas comunidades enfrentan amenazas históricas y actuales: pérdida de tierras, deterioro ambiental, desplazamiento forzado y falta de garantías para ejercer sus derechos. En este contexto, la juventud indígena está emergiendo como protagonista de procesos de resistencia, innovación social y reconstrucción de la memoria.
Juventud indígena que transforma su territorio
Desde 2023, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a través de su área de Tenencia de Tierras y DVGT, ha acompañado a jóvenes indígenas de los pueblos Barí, Kichwa e Inga en Norte de Santander, en el marco de una iniciativa apoyada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Consolidación de la Paz. El objetivo: fortalecer principalmente la participación e incidencia de las juventudes, impulsando la gestión de políticas, programas e iniciativas orientadas a la protección integral de sus derechos, entre ellos, el derecho a la tierra, como garantía para la permanencia de las y los jóvenes en sus territorios.
Este trabajo ha impulsado tres experiencias emblemáticas que hoy son ejemplo de cómo la juventud indígena lidera procesos de gobernanza territorial, defensa de derechos e inclusión social:
Resembrando la memoria – Pueblo Barí
Una organización juvenil que parte de la convicción de que el territorio es un “libro vivo” en el que cada río, planta y montaña narra la historia de resistencia del pueblo Barí.
La iniciativa busca preservar plantas nativas, consideradas símbolos de saberes transmitidos de generación en generación, esenciales para la supervivencia cultural y la armonía con la naturaleza.
A través de talleres, siembras comunitarias y encuentros intergeneracionales, los jóvenes fortalecen la autonomía y liderazgo comunitario con un enfoque étnico, de género y de protección de derechos, defendiendo la conexión espiritual que une al pueblo Barí con su territorio.
Runa Tanda. Pan indígena – Pueblos Kichwa e Inga
Un puente entre la tradición y la economía comunitaria. Liderada por jóvenes Kichwa e Inga, en Cúcuta. Esta experiencia rescata la elaboración de pan artesanal como un acto cultural y político: conectando el proceso de elaboración de este con la reivindicación de los derechos territoriales y la preservación de la memoria colectiva.
La transferencia de saberes ancestrales se combina con estrategias de autogestión económica, fortaleciendo la identidad cultural y creando un espacio de diálogo intergeneracional. El pan, así, se convierte en un símbolo vivo de memoria y resistencia.
Soy Kaa, memoria y lugares ancestrales – Pueblo Barí
Inspirada en la recuperación del bohío ancestral “Socbacayra” en Tibú, esta iniciativa rescata un sitio sagrado central en la cosmovisión del pueblo Barí, donde convergen espiritualidad, conocimiento y organización comunitaria.
En efecto, con esta iniciativa se buscó recuperar la memoria en torno al Sitio Sagrado Socbacayra, caracterizado con la participación de representantes del Pueblo Barí; dado que no se trata sólo de un lugar físico, sino de un símbolo vivo de resistencia cultural y de construcción de identidad. Sin duda un aporte para la recuperación del territorio y los sitios sagrados que refleja el compromiso de las y los jóvenes Barí con la defensa de su herencia cultural, el fortalecimiento de su espiritualidad y la continuidad de sus saberes tradicionales.
En el desarrollo de esta experiencia, en el que se identificaron las dimensiones espirituales, ambientales y sociales del bohío, así como los desafíos jurídicos que enfrenta su recuperación. Para ello, se utilizó Open Tenure, una herramienta colaborativa desarrollada por la FAO para apoyar a las comunidades, especialmente en países en desarrollo, en la documentación y gestión de sus relaciones de tenencia de la tierra.
Gracias a esta tecnología, jóvenes y comunidad lograron demarcar el lugar original del bohío a través de un enfoque de colaboración abierta: fueron ellos mismos quienes ubicaron el sitio ancestral, para luego sistematizar la información y sentar las bases de su recuperación física y cultural.
Del territorio local a la agenda global
La fuerza de las juventudes ha trascendido las fronteras de Norte de Santander. En 2025, jóvenes indígenas de esta región participaron activamente en la construcción de la Agenda de Juventudes por la Tierra, presentada en el Foro Global de la Tierra.
Con un enfoque basado en derechos, diversidad, ancestralidad y sostenibilidad, la agenda aborda acciones en 4 ejes temáticos:
- Acceso y derechos a la tierra: propuestas desde la juventud rural, indígena y urbana.
- Reforma agraria y juventudes: con demandas claras de las nuevas generaciones.
- Cambio climático y sostenibilidad alimentaria: priorizando la participación juvenil en la resiliencia territorial.
- Gobernanza inclusiva: modelos que reconozca el liderazgo juvenil y comunitario.
Bajo la consigna “¡Jóvenes por la tierra, tierra para los jóvenes!”, estas voces se proyectan como una fuerza global con raíces en el Catatumbo, defendiendo que la justicia social, la sostenibilidad ambiental y la inclusión dependen del respeto y la garantía de los derechos de los pueblos indígenas

